jueves, 25 de diciembre de 2008

Sobre pobres y circos

Es la tardecita, hay una gran paz en el parque
A nacho le encanta esa hora al lado de su amigo: se pueden hacer tantas conversaciones importantes. Después de un largo rato en silencio, pregunta:
-carlucho, quiero que me digas la verdad. ¿crees en los reyes magos?
-¿en lo reye mago?
No le gustan que le hagan esa pregunta y como siempre que se pone preocupado comienza a arreglarlos chocolatines y caramelos.
-vamos, cartucho decime.
-en lo reye mago dijiste?
-Si decime
sin mirarlo, murmura:
-Y que se yo nacho. Yo soy un bruto, un inorante, no hice ni el prime grado. Yo nunca servi ma que pa lo trabajo pesado.
-Decime cartucho.
Medio se enfureció.
-¡Que bicho te pico! ¡Que tengo yo que sabe esa cosa!
De reojo, vio que el chico bajaba la cabeza y quedaba dolorido.
-Mira nacho, discúlpame, yo soy tu amigo, pero sabe que tengo un carate de mil diablo.
Acomodo la fila de los chocolatines de nuevo y finalmente dijo.
-Mira nacho ya tene siete año cumplido y hay que decirte de una buena ve la verda. No hay reyes mago. Todo cuento, todo engaño. La vida e triste muy triste, pa que no vamo a engaña. Te lo dice Carlos Américo salerno
-¿Y lo juguetes, entonces?
La voz de nacho era desesperada.
-¿lo juguete?
-si, carlucho. Los juguetes.
-todo cuento ya te dije. ¿no viste que solo aparecen en zapato de lo rico? Cuando yo era un purrete de este tamaño nunca vinieron los rete donde estabamo nosotro. Iban solo a la casa de lo ricachote. ¿te da cuenta, ahora? E claro como lagua: lo reye mago son lo padre.
Nacho bajo la cabeza y empezó a hacer dibujos con un dedo en la parte de la vereda sin baldosas. Después agarro una piedrita y la arrojo contra un árbol, como distraído. Carlucho, mientras se ceba otro mate, lo observa con cuidado.
-bueno , vaya a sabe como son las cosa –agrego al final-. E un parece. El finado zaneta, que en pa descanse, decís que mundo e un misterio. Y capa que tenia razón.
Vino un cliente y compro cigarrillos. Al cabo de una largo tiempo, carlucho comento sibilinamente:
-¡la gran puta! Si habría lanarquismo.
Nacho lo considero con extrañeza
-¿lanarquismo?-
-si, Nacho. Lanarquismo.
-¿Y que es eso?.
Carlucho se sentó en su sullita enana y sonrió con ojos meditativos y nostálgicos. Era evidente que pensaba en algo muy lejano pero lindo.
-Aquí tendría destar luvi –dijo.
-¿luvi?
-Si, luvi.
-¿y quien es luvi?
En los grandes momentos, cuando carlucho se disponía a iniciar alguna de aquellas ideas que sentía profundamente, cambiaba la yerba del matecito, se tomaba su tiempo y preparaba lo que iba a decir con largos silencios, así como las estatuas se colocan en las plazas, rodeadas de espacios que las destaquen en toda su belleza.
-Quien era luvi –comento con los ojos siempre nostálgicos.
Después de sentarse de nuevo en la sillita enana, la misma que había pertenecido a su padre, explico:
-ya te dije que al año 18, justo cuando termino la guerra, yo pionaba a la estancia don jacinto. Junto con custodio medina pionaba. Entonces llego luvi.¿sentiste habla de lo linyera, vo?
-¿linyera?
-sabían veni de muy lejo, con latadito a la espalda. Caminando por la vía del ferrocarril, y después por lo camino. Venían a la estancia y siempre había comida y un catre pa lo linyera
esa e la verda.
-¿pero entonces eran peones, como vos o medina?
Cartucho hizo un gesto negativo con el dedo.
-No seño, no eran pione. Lo linyera eran linyera, no pione. Lo pione eramo conchabado pa trabaja.
-¿conchabado?
-Pero si, sonso. Trabajamo pa gana dinero, comprende.
-¿Y lo linyeras no trabajaban?
-Si que trabajan pero no pa gana dinero. Nadie lo obligaba
Nacho no entendía. Cartucho lo miro, frunció la frente en un gran esfuerzo y trato de ser mas claro.
-Lo linyera eran libre como lo pájaro, ¿entende? Venían a la estancia, hacían algún trabajito si querían y después se iban como habían venido. Lo estoy viendo como hoy, cuando luvi había guardado toda su cosita y había echo latado pa irse. Don busto el mayordomo, le dijo si se quiere queda aquí, amigo luvi, tiene trabajo si quiere. Pero luvi dijo no don busto, se lo agradezco pero tengo que seguí viaje.
-¿Tenia que seguir viaje? ¿adonde?
-¿cómo adonde? ¿no te acabo de deci que lo linyera eran como lo pájaro? ¿adonde van lo pájaro? ¿lo sabe vo?
-No.
-Ai tene lo que te digo, sonso
Se quedo pensativo, añorando.
-me parece que lostoy viendo -dijo-. Alto y flaco, con su barba casi colorada y lojo azule clarito. Con latado al hombro. No quedamo todo viendo como siba entre la casuarina, y despué al camino. Quien sabe adonde.
Carlucho miraba hacia el parque, como si lo estuviera viendo alejarse entre los árboles, hacia el infinito.
-¿Y no lo viste nunca mas?
-Nunca ma. Vaya a sabe si ha muerto.
–Que nombre raro, Luvi, ¿no?
–Si, nombre destranjero. Era alemán o italiano, pero no sé, porque no era italiano como mi padre. Decía que era de una parte rara, que ahora no sé. Luvi. Eso é. Vino, hizo alguno trabajito de mecánico, arregló uno motore, algo en una trilladora. Sabía de todo. Y de noche, al galpón de los pione esplicaba lanarquismo.
–¿Lanarquismo?
–Si, leía un librito que tenía y esplicaba.
–¿Y qué es el lanarquismo, Carlucho?–Yo soy un bruto, ya te dije. ¿Qué queré? ¿Qué tesplique como Luvi?
–Bueno, pero decime algo. Era un cuento como ese que me contaste de Carlomano.
–Pero no, sonso. Otra cosa.
Tomó mate y se concentró profundamente.
–Te voy a hacé una pregunta, Nacho. Atendé bien.
–Sí.
–¿Quién hizo la tierra, lo árbole, lo río, la nube, el sol?
–Dios.
–Bueno, está bien. Entonce son pa todo, todo tienen derecho a tené lo árbole y a tomá el sol. Decime, ¿lo pájaro tiene que pedile permiso a alguien pa volá?
–No.
–Puede andá y vení en el aire, y hacé el nido y tené la cría, ¿no é así?
–Claro.
–Y cuando tiene hambre o tiene que alimentá lo pichone va y busca alguna cosita, alguna semilla y se lo lleva. ¿No é así?
–Claro.
–Y bueno, el hombre, esplicaba Luvi, é como el pájaro. Libre de í y de vení. Y si tiene gana de volá, vuela. Y si quiere hacé un nido, lo hace. Porque la semillita y la paja pa hacé el nido, y el agua pa bañarse o pá tomá son de Dio y Dio la hizo para todo el mundo. ¿Entendé todo eso? Porque si no entendé no podemo seguí adelante.
–Sí, lo entendí.
–Muy bien. Entonce, ¿por qué uno poco tienen que apoderarse de la tierra y lotro tenemo que trabajá de pione? ¿De dónde sacaron ese campo? ¿Lo fabricaron ello?Después de pensarlo un poco, Nacho dijo que no.
–Muy bien, nacho. Quiere decí entonce que lo robaron.Nacho se sorprendió muchísimo, ¿Cómo, los ladrones no iban a la cárcel? Carlucho sonrió con amargura.
–Esperá, sonso, esperá –comentó–. Te estoy diciendo que esa tierra la robaron.
–¿Pero a quién se la robaron, Carlucho?
–Y qué sé yo. A lo indio, a la gente antigua. No sé. Ya te dije que soy un bruto, pero Luvi sabía todo eso. Ademá, pensá un momentito. Suponé (é un suponé) que mañana desaparecería todo lo pione de campo. ¿Me queré decí vo que pasaría?
–Y, no habría gente para trabajar en el campo.
–Esato. Y si nadie trabajaría en el campo no habería trigo y sin trigo no habería pan y sin pan todo el mundo no podería come. Ni lo patrone. ¿De donde iban a sacá el pan, si me podé decí?Ahora atendé bien porque vamo a dar otro paso. Suponete también que desaparecería lo zapatero. ¿Qué pasaría?
–No habría más zapatos.–Esato. Y ahora suponete que desaparecería lo albañile.
–No habría más casas.–Muy bien, Nacho. Ahora yo te pregunto que pasaría si mañana desaparecería lo patrone. Lo patrone no siembran el mai ni el trigo, ni hacen lo zapato ni la casa, ni levantan la cosecha. ¿Me podé decí un poco lo que pasaría, si se puede sabé?Nacho lo miró con asombro. Carlucho lo consideraba con una sonrisa de triunfo.
–Andá, decime lo que pasaría si mañana desaparecería lo patrone.
–Nada –respondió sorprendido Nacho de la enormidad–. No pasaría nada.
–Ni má, ni meno. Ahora fijate a una cosa que esplicaba Luvi: lo zapatero pa hacé lo zapato necesitan el cuero, los albañile necesitan lo ladrillo, lo pione necesitan la tierra y la semilla y lo arao. ¿Cierto?
–Si.
–¿Pero quién tiene lo cuero, lo ladrillo, la tierra, lo arao?
–Los patrones.
–Esato. Todo está a mano de la patronal. Por eso lo pobre estamo esclavisao. Porque ello tienen todo y nosotro no tenemo nada, má que lo brazo pa trabajá. Ahora vamos a da otro paso. Así que atendeme bien.
–Si, Carlucho.
–Si nosotro lo pobre no apoderamos de la tierra y de la máquina y del cuero y de lorno de ladrillo, podemó fabricar zapato y levantá construccione, y sembrá y cosechá, porque pa eso tenemos lo brazo. Y no habría pobreza ni esclavitú. Ni enfermedá. Y todo podríamos ir a la escuela.Nacho lo miraba con asombro.Carlucho arregló las revistas y los cigarrillos, pero su mente estaba vuelta a su interior. Hacía un gran esfuerzo mental, pero su voz estaba desprovista de rencor: era serena y cariñosa.
–Mirá, Nacho –prosiguió–. Todo é muy simple. Luvi lo esplicaba todo con el librito y poniendo cosita en el suelo. Así y así: que esta piedrita é la fábrica, que este mate é la máquina, que este porotito somo lo pione. Y te digo que esplicaba como no habría má enfermedá, ni tísico, ni miseria, ni esplotación. Todo el mundo tendría que trabajá. Y el que no trabaja no tiene derecho a viví. Bah, testoy hablando de lombre y mujere sano. No te hablo de lo nene ni de lonfermo, ni de lo viejo. Al contrario, decía Luvi, todo lo que trabajan tienen el debé de mentené a linválido, a lo niño y lo viejo. Así que uno hace zapato, el otro hace larina, el otro te hace el pan, el otro va a la cosecha. Y todo lo que hacen se guarda en un galpón. En ese galpón hay de todo: que comida, que ropa, que libro escolare. Todo lo que te podé imaginá. Hasta juguete y golosina pa lo nene, queso é tan necesario como pa nosotro un caballo o un sombrero. Al frente el galpón hay otro que trabaja deso, de cuidadó del galpón. Y entonce yo voy y le digo me da un par de zapato número tal o cual, y el otro pide un kilo de carne y el una onza e chocolate, y el otro un saco porque se le rompieron lo codo. A cada uno lo que precisa. Pero nada má que lo que precisa.
–¿Y si un rico quiere mas cosas y las compra?
Carlucho lo miró con severa sorpresa.
–¿Un rico, dijste?
–Si.
–¿Ma de qué rico mestá hablando, pavote? ¿No te esplique que no hay mas rico?
–¿Pero por qué, Carlucho?
–Porque no hay mas dinero.
–¿Pero si lo tenía de antes?Carlucho se sonrió y le hizo un gesto negativo.
–Si lo tenía se embromó, porque ahora no sirve má. Pa qué queré el dinero, si todo lo que necesitá lo sacá de galpón. El dinero é un pedazo e papel. Y sucio, lleno de microbio. ¿Sabé lo que son lo microbio?Nacho asintió.
–Y bueno, sacabó el dinero. Que el que sea sonso, lo guarde, si quiere. Nadie se lo va prohibí. Total, no le servirá pa maldita la cosa.
–¿Y el que quiere sacar del galpón más zapatos?
–¿Cómo má zapato? No entiendo. Si necesito un par de zapato voy al galpón y listo.
–No, te digo si uno quiere tres o cuatro pares.Carlucho dejó de sorber el mate, admirado.
–¿Tre o cuatro parre, decí?
–Si, tres o cuatro pares de zapatos.Carlucho se echó a reir con ganas.
–Pero, ¿pa qué necesita tre o cuatro pare si no tenemo má que do pie?Es cierto, a Nacho no se le había ocurrido.
-¿Y si alguien va a la galpón y roba?-¿Roba?, ¿Para qué? Si necesita algo se lo pide y se lo van a dá. ¿Está loco?
-Entonces no habra mas policia.
Gravemente, cartucho Hizo un gesto negativo con la cabeza.
-No habra mas policía. La policía e lo pior de todo, te lo digo por experiencia.
-¿Por experiencia? ¿qué experiencia?
Carlucho se replego sobre si mismo y repitió en vos baja, como si no quisiese referirce a eso, como si lo de antes se le ubiera escapado
-esperiencia y yasta –comento ambiguamente.
-¿Y si alguno no quiere trabajar?
-Que no trabaje si no quiere ya veremo cuando tiene hambre
-¿Y si el gobierno no quiere?
-Gobierno? Pa qué necesitamo gobierno? Cuando yo era chico y quedamo en la calle, muerto de hambre, mi viejo salió adelante porque don Pancho Sierra le puso una carnicería. Cuando me fui a pionar, tampoco necesitábamo el gobierno. Y cuando entré al frigorífico de Berisso, pa lúnico que sirvió el gobierno fue pa mandarno la policía en la huelga y torturarno.
-Torturarlos? Y qué es eso, Carlucho?
Carlucho se quedó mirándolo con tristeza.
-Nada, pibe. Te dije eso sin queré. No son cosa e niño. Y ademá, yo soy lo que se llama un inorante.

Fragmento del capitulo sobre pobres y circos del libro abaddon el exterminador
Increible la capacidad de sabato de decir algo tan complejo de forma tan simple. algo tan perfecto y a su vez tan lejano

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