Es la tardecita, hay una gran paz en el parque
A nacho le encanta esa hora al lado de su amigo: se pueden hacer tantas conversaciones importantes. Después de un largo rato en silencio, pregunta:
-carlucho, quiero que me digas la verdad. ¿crees en los reyes magos?
-¿en lo reye mago?
No le gustan que le hagan esa pregunta y como siempre que se pone preocupado comienza a arreglarlos chocolatines y caramelos.
-vamos, cartucho decime.
-en lo reye mago dijiste?
-Si decime
sin mirarlo, murmura:
-Y que se yo nacho. Yo soy un bruto, un inorante, no hice ni el prime grado. Yo nunca servi ma que pa lo trabajo pesado.
-Decime cartucho.
Medio se enfureció.
-¡Que bicho te pico! ¡Que tengo yo que sabe esa cosa!
De reojo, vio que el chico bajaba la cabeza y quedaba dolorido.
-Mira nacho, discúlpame, yo soy tu amigo, pero sabe que tengo un carate de mil diablo.
Acomodo la fila de los chocolatines de nuevo y finalmente dijo.
-Mira nacho ya tene siete año cumplido y hay que decirte de una buena ve la verda. No hay reyes mago. Todo cuento, todo engaño. La vida e triste muy triste, pa que no vamo a engaña. Te lo dice Carlos Américo salerno
-¿Y lo juguetes, entonces?
La voz de nacho era desesperada.
-¿lo juguete?
-si, carlucho. Los juguetes.
-todo cuento ya te dije. ¿no viste que solo aparecen en zapato de lo rico? Cuando yo era un purrete de este tamaño nunca vinieron los rete donde estabamo nosotro. Iban solo a la casa de lo ricachote. ¿te da cuenta, ahora? E claro como lagua: lo reye mago son lo padre.
Nacho bajo la cabeza y empezó a hacer dibujos con un dedo en la parte de la vereda sin baldosas. Después agarro una piedrita y la arrojo contra un árbol, como distraído. Carlucho, mientras se ceba otro mate, lo observa con cuidado.
-bueno , vaya a sabe como son las cosa –agrego al final-. E un parece. El finado zaneta, que en pa descanse, decís que mundo e un misterio. Y capa que tenia razón.
Vino un cliente y compro cigarrillos. Al cabo de una largo tiempo, carlucho comento sibilinamente:
-¡la gran puta! Si habría lanarquismo.
Nacho lo considero con extrañeza
-¿lanarquismo?-
-si, Nacho. Lanarquismo.
-¿Y que es eso?.
Carlucho se sentó en su sullita enana y sonrió con ojos meditativos y nostálgicos. Era evidente que pensaba en algo muy lejano pero lindo.
-Aquí tendría destar luvi –dijo.
-¿luvi?
-Si, luvi.
-¿y quien es luvi?
En los grandes momentos, cuando carlucho se disponía a iniciar alguna de aquellas ideas que sentía profundamente, cambiaba la yerba del matecito, se tomaba su tiempo y preparaba lo que iba a decir con largos silencios, así como las estatuas se colocan en las plazas, rodeadas de espacios que las destaquen en toda su belleza.
-Quien era luvi –comento con los ojos siempre nostálgicos.
Después de sentarse de nuevo en la sillita enana, la misma que había pertenecido a su padre, explico:
-ya te dije que al año 18, justo cuando termino la guerra, yo pionaba a la estancia don jacinto. Junto con custodio medina pionaba. Entonces llego luvi.¿sentiste habla de lo linyera, vo?
-¿linyera?
-sabían veni de muy lejo, con latadito a la espalda. Caminando por la vía del ferrocarril, y después por lo camino. Venían a la estancia y siempre había comida y un catre pa lo linyera
esa e la verda.
-¿pero entonces eran peones, como vos o medina?
Cartucho hizo un gesto negativo con el dedo.
-No seño, no eran pione. Lo linyera eran linyera, no pione. Lo pione eramo conchabado pa trabaja.
-¿conchabado?
-Pero si, sonso. Trabajamo pa gana dinero, comprende.
-¿Y lo linyeras no trabajaban?
-Si que trabajan pero no pa gana dinero. Nadie lo obligaba
Nacho no entendía. Cartucho lo miro, frunció la frente en un gran esfuerzo y trato de ser mas claro.
-Lo linyera eran libre como lo pájaro, ¿entende? Venían a la estancia, hacían algún trabajito si querían y después se iban como habían venido. Lo estoy viendo como hoy, cuando luvi había guardado toda su cosita y había echo latado pa irse. Don busto el mayordomo, le dijo si se quiere queda aquí, amigo luvi, tiene trabajo si quiere. Pero luvi dijo no don busto, se lo agradezco pero tengo que seguí viaje.
-¿Tenia que seguir viaje? ¿adonde?
-¿cómo adonde? ¿no te acabo de deci que lo linyera eran como lo pájaro? ¿adonde van lo pájaro? ¿lo sabe vo?
-No.
-Ai tene lo que te digo, sonso
Se quedo pensativo, añorando.
-me parece que lostoy viendo -dijo-. Alto y flaco, con su barba casi colorada y lojo azule clarito. Con latado al hombro. No quedamo todo viendo como siba entre la casuarina, y despué al camino. Quien sabe adonde.
Carlucho miraba hacia el parque, como si lo estuviera viendo alejarse entre los árboles, hacia el infinito.
-¿Y no lo viste nunca mas?
-Nunca ma. Vaya a sabe si ha muerto.
–Que nombre raro, Luvi, ¿no?
–Si, nombre destranjero. Era alemán o italiano, pero no sé, porque no era italiano como mi padre. Decía que era de una parte rara, que ahora no sé. Luvi. Eso é. Vino, hizo alguno trabajito de mecánico, arregló uno motore, algo en una trilladora. Sabía de todo. Y de noche, al galpón de los pione esplicaba lanarquismo.
–¿Lanarquismo?
–Si, leía un librito que tenía y esplicaba.
–¿Y qué es el lanarquismo, Carlucho?–Yo soy un bruto, ya te dije. ¿Qué queré? ¿Qué tesplique como Luvi?
–Bueno, pero decime algo. Era un cuento como ese que me contaste de Carlomano.
–Pero no, sonso. Otra cosa.
Tomó mate y se concentró profundamente.
–Te voy a hacé una pregunta, Nacho. Atendé bien.
–Sí.
–¿Quién hizo la tierra, lo árbole, lo río, la nube, el sol?
–Dios.
–Bueno, está bien. Entonce son pa todo, todo tienen derecho a tené lo árbole y a tomá el sol. Decime, ¿lo pájaro tiene que pedile permiso a alguien pa volá?
–No.
–Puede andá y vení en el aire, y hacé el nido y tené la cría, ¿no é así?
–Claro.
–Y cuando tiene hambre o tiene que alimentá lo pichone va y busca alguna cosita, alguna semilla y se lo lleva. ¿No é así?
–Claro.
–Y bueno, el hombre, esplicaba Luvi, é como el pájaro. Libre de í y de vení. Y si tiene gana de volá, vuela. Y si quiere hacé un nido, lo hace. Porque la semillita y la paja pa hacé el nido, y el agua pa bañarse o pá tomá son de Dio y Dio la hizo para todo el mundo. ¿Entendé todo eso? Porque si no entendé no podemo seguí adelante.
–Sí, lo entendí.
–Muy bien. Entonce, ¿por qué uno poco tienen que apoderarse de la tierra y lotro tenemo que trabajá de pione? ¿De dónde sacaron ese campo? ¿Lo fabricaron ello?Después de pensarlo un poco, Nacho dijo que no.
–Muy bien, nacho. Quiere decí entonce que lo robaron.Nacho se sorprendió muchísimo, ¿Cómo, los ladrones no iban a la cárcel? Carlucho sonrió con amargura.
–Esperá, sonso, esperá –comentó–. Te estoy diciendo que esa tierra la robaron.
–¿Pero a quién se la robaron, Carlucho?
–Y qué sé yo. A lo indio, a la gente antigua. No sé. Ya te dije que soy un bruto, pero Luvi sabía todo eso. Ademá, pensá un momentito. Suponé (é un suponé) que mañana desaparecería todo lo pione de campo. ¿Me queré decí vo que pasaría?
–Y, no habría gente para trabajar en el campo.
–Esato. Y si nadie trabajaría en el campo no habería trigo y sin trigo no habería pan y sin pan todo el mundo no podería come. Ni lo patrone. ¿De donde iban a sacá el pan, si me podé decí?Ahora atendé bien porque vamo a dar otro paso. Suponete también que desaparecería lo zapatero. ¿Qué pasaría?
–No habría más zapatos.–Esato. Y ahora suponete que desaparecería lo albañile.
–No habría más casas.–Muy bien, Nacho. Ahora yo te pregunto que pasaría si mañana desaparecería lo patrone. Lo patrone no siembran el mai ni el trigo, ni hacen lo zapato ni la casa, ni levantan la cosecha. ¿Me podé decí un poco lo que pasaría, si se puede sabé?Nacho lo miró con asombro. Carlucho lo consideraba con una sonrisa de triunfo.
–Andá, decime lo que pasaría si mañana desaparecería lo patrone.
–Nada –respondió sorprendido Nacho de la enormidad–. No pasaría nada.
–Ni má, ni meno. Ahora fijate a una cosa que esplicaba Luvi: lo zapatero pa hacé lo zapato necesitan el cuero, los albañile necesitan lo ladrillo, lo pione necesitan la tierra y la semilla y lo arao. ¿Cierto?
–Si.
–¿Pero quién tiene lo cuero, lo ladrillo, la tierra, lo arao?
–Los patrones.
–Esato. Todo está a mano de la patronal. Por eso lo pobre estamo esclavisao. Porque ello tienen todo y nosotro no tenemo nada, má que lo brazo pa trabajá. Ahora vamos a da otro paso. Así que atendeme bien.
–Si, Carlucho.
–Si nosotro lo pobre no apoderamos de la tierra y de la máquina y del cuero y de lorno de ladrillo, podemó fabricar zapato y levantá construccione, y sembrá y cosechá, porque pa eso tenemos lo brazo. Y no habría pobreza ni esclavitú. Ni enfermedá. Y todo podríamos ir a la escuela.Nacho lo miraba con asombro.Carlucho arregló las revistas y los cigarrillos, pero su mente estaba vuelta a su interior. Hacía un gran esfuerzo mental, pero su voz estaba desprovista de rencor: era serena y cariñosa.
–Mirá, Nacho –prosiguió–. Todo é muy simple. Luvi lo esplicaba todo con el librito y poniendo cosita en el suelo. Así y así: que esta piedrita é la fábrica, que este mate é la máquina, que este porotito somo lo pione. Y te digo que esplicaba como no habría má enfermedá, ni tísico, ni miseria, ni esplotación. Todo el mundo tendría que trabajá. Y el que no trabaja no tiene derecho a viví. Bah, testoy hablando de lombre y mujere sano. No te hablo de lo nene ni de lonfermo, ni de lo viejo. Al contrario, decía Luvi, todo lo que trabajan tienen el debé de mentené a linválido, a lo niño y lo viejo. Así que uno hace zapato, el otro hace larina, el otro te hace el pan, el otro va a la cosecha. Y todo lo que hacen se guarda en un galpón. En ese galpón hay de todo: que comida, que ropa, que libro escolare. Todo lo que te podé imaginá. Hasta juguete y golosina pa lo nene, queso é tan necesario como pa nosotro un caballo o un sombrero. Al frente el galpón hay otro que trabaja deso, de cuidadó del galpón. Y entonce yo voy y le digo me da un par de zapato número tal o cual, y el otro pide un kilo de carne y el una onza e chocolate, y el otro un saco porque se le rompieron lo codo. A cada uno lo que precisa. Pero nada má que lo que precisa.
–¿Y si un rico quiere mas cosas y las compra?
Carlucho lo miró con severa sorpresa.
–¿Un rico, dijste?
–Si.
–¿Ma de qué rico mestá hablando, pavote? ¿No te esplique que no hay mas rico?
–¿Pero por qué, Carlucho?
–Porque no hay mas dinero.
–¿Pero si lo tenía de antes?Carlucho se sonrió y le hizo un gesto negativo.
–Si lo tenía se embromó, porque ahora no sirve má. Pa qué queré el dinero, si todo lo que necesitá lo sacá de galpón. El dinero é un pedazo e papel. Y sucio, lleno de microbio. ¿Sabé lo que son lo microbio?Nacho asintió.
–Y bueno, sacabó el dinero. Que el que sea sonso, lo guarde, si quiere. Nadie se lo va prohibí. Total, no le servirá pa maldita la cosa.
–¿Y el que quiere sacar del galpón más zapatos?
–¿Cómo má zapato? No entiendo. Si necesito un par de zapato voy al galpón y listo.
–No, te digo si uno quiere tres o cuatro pares.Carlucho dejó de sorber el mate, admirado.
–¿Tre o cuatro parre, decí?
–Si, tres o cuatro pares de zapatos.Carlucho se echó a reir con ganas.
–Pero, ¿pa qué necesita tre o cuatro pare si no tenemo má que do pie?Es cierto, a Nacho no se le había ocurrido.
-¿Y si alguien va a la galpón y roba?-¿Roba?, ¿Para qué? Si necesita algo se lo pide y se lo van a dá. ¿Está loco?
-Entonces no habra mas policia.
Gravemente, cartucho Hizo un gesto negativo con la cabeza.
-No habra mas policía. La policía e lo pior de todo, te lo digo por experiencia.
-¿Por experiencia? ¿qué experiencia?
Carlucho se replego sobre si mismo y repitió en vos baja, como si no quisiese referirce a eso, como si lo de antes se le ubiera escapado
-esperiencia y yasta –comento ambiguamente.
-¿Y si alguno no quiere trabajar?
-Que no trabaje si no quiere ya veremo cuando tiene hambre
-¿Y si el gobierno no quiere?
-Gobierno? Pa qué necesitamo gobierno? Cuando yo era chico y quedamo en la calle, muerto de hambre, mi viejo salió adelante porque don Pancho Sierra le puso una carnicería. Cuando me fui a pionar, tampoco necesitábamo el gobierno. Y cuando entré al frigorífico de Berisso, pa lúnico que sirvió el gobierno fue pa mandarno la policía en la huelga y torturarno.
-Torturarlos? Y qué es eso, Carlucho?
Carlucho se quedó mirándolo con tristeza.
-Nada, pibe. Te dije eso sin queré. No son cosa e niño. Y ademá, yo soy lo que se llama un inorante.
Fragmento del capitulo sobre pobres y circos del libro abaddon el exterminador
Increible la capacidad de sabato de decir algo tan complejo de forma tan simple. algo tan perfecto y a su vez tan lejano
jueves, 25 de diciembre de 2008
miércoles, 24 de diciembre de 2008
Cuentan que un viajero llego un dia a caracas al anochecer, y sin sacudirse el polvo del camino no pregunto donde se comia ni se dormia sino como se iba adonde estaba la estatua de bolivar. Y cuentan que el viajero solo con los arboles altos y olorosos de la plaza, lloraba frente a la estatua, que parecia que se movia, como un padre cuando se le acerca un hijo.
miércoles, 10 de diciembre de 2008
Entrevista
Fragmento de la entrivista a Eduardo Galeano publicada en el diario pagina 12 el domingo 7 de diciembre.
¿podrías resumir la crueldad en una imagen, en una situación que te ha tocado vivir?
–Me ocurrió hace años, en un camión que atravesaba la selva del Alto Paraná. Salvo yo, era toda gente de ese mapa. Nadie hablaba. Ibamos muy apretados, en la caja del camión, a los tumbos. A mi lado, una mujer muy pobre, con un bebé en brazos. El bebé ardía de fiebre, se quejaba. Ella sólo dijo que precisaba un médico, que en alguna parte tenía que haber un médico. Y por fin llegamos a alguna parte, no sé cuántas horas habían pasado, hacía mucho que el bebé no se quejaba. Ayudé a que aquella mujer bajara del camión. Cuando recogí el bebé, vi que estaba muerto. El asesino que había cometido esa crueldad era todo un sistema de poder, que no iba preso ni viajaba en camiones destartalados.
¿podrías resumir la crueldad en una imagen, en una situación que te ha tocado vivir?
–Me ocurrió hace años, en un camión que atravesaba la selva del Alto Paraná. Salvo yo, era toda gente de ese mapa. Nadie hablaba. Ibamos muy apretados, en la caja del camión, a los tumbos. A mi lado, una mujer muy pobre, con un bebé en brazos. El bebé ardía de fiebre, se quejaba. Ella sólo dijo que precisaba un médico, que en alguna parte tenía que haber un médico. Y por fin llegamos a alguna parte, no sé cuántas horas habían pasado, hacía mucho que el bebé no se quejaba. Ayudé a que aquella mujer bajara del camión. Cuando recogí el bebé, vi que estaba muerto. El asesino que había cometido esa crueldad era todo un sistema de poder, que no iba preso ni viajaba en camiones destartalados.
sábado, 6 de diciembre de 2008
Elige un enemigo grande!!
"Elige un enemigo grande y esto te obligará a crecer para poder enfrentarlo. Achica tu miedo porque, si él crece, tú te harás pequeño"
miércoles, 3 de diciembre de 2008
Boulevard of broken dreams

Esta pintura realizada por Gottfried-Helnwein quien retrata a marilyn monroe, james dean, Elvis Presley y Humphrey Bogart es una copia de la pintura Nighthawks de Edward Hopper.
Boulevard of broken dreams, siempre me llamo la atencion tanto porque a mi forma de ver reflega el drama de los 4 personajes que parecen refugiados en su propia soledad como asi tambien la sensacion que causa la luz en el interior del cafe mientras que todo lo demas se encuentra oscuro.
Boulevard of broken dreams, siempre me llamo la atencion tanto porque a mi forma de ver reflega el drama de los 4 personajes que parecen refugiados en su propia soledad como asi tambien la sensacion que causa la luz en el interior del cafe mientras que todo lo demas se encuentra oscuro.
martes, 2 de diciembre de 2008
Los nadies

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con
salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
Eduardo galeano
martes, 16 de septiembre de 2008
La caja del buen sueño
Cuentan nuestros más antiguos que los primeros dioses, los que nacieron el mundo, lo habían hecho casi cabal. Con eso querían decir que lo hicieron casi parejo, no había quien estaba arriba y quien abajo, la tierra no tenía propiedad, no tenía quien la mandara, ni papel que la dividiera ni dinero que la corrompiera. Y cuentan nuestros más antiguos que esos dioses primeros hicieron también a los primeros hombres y mujeres, los hombres y mujeres del maíz, y que desde entonces el maíz fue sagrado para estos hombres y mujeres, los primeros que poblaron estas tierras.
Pero cuentan también que esos primeros dioses se cansaron, se hicieron a un lado y se descansaron porque habían trabajado mucho para hacer al mundo y para hacerlo cabal. Y llegaron otra vuelta otros dioses y otros y otros mientras el mundo seguía caminando como de por sí debe caminar, por abajo.
Y cuentan también que llegó un día en que unos de esos dioses, unos de los más primeros, entraron en gran alboroto y bulla porque algo habían encontrado y llamaron a reunión, a asamblea, a los hombres y mujeres de maíz. Ya que estaban reunidos les dijeron: "hay un problema, resulta que a los primeros dioses se les olvidó decirles que iba a llegar el engaño a poblar estas tierras". Empezaron a explicar estos dioses que iba a llegar un día el dinero y que con él, el poder iba a sembrar el engaño por toda la Tierra. "Ese día", dijeron esos dioses, "la noche se va a alargar por muchos años, por siglos. Cuando llegue el engaño del dinero a poblar la Tierra nada será lo que parece. Habrá engaño y parecerá que es verdad, habrá quien se diga originario de estas tierras y se venda al poderoso, habrá quien use nuestro canto, nuestra lengua, nuestro vestido, para simular que bajamos la cabeza delante del dinero. La noche será noche y el día también será noche, pero el engaño nos hará creer que ha cambiado. Y el engaño mayor que sembrará el poder del dinero será hacernos creer que siempre fue así y que nunca va a cambiar y en ese engaño vivirán mucho tiempo los hombres y mujeres de maíz, lo que nosotros llamamos los pueblos originarios de estas tierras, y así como el maíz en la sierra Huichola tiene muchos colores, también los pueblos y las pieles de las personas tendrán muchos colores, pero este engaño reinará sobre todos y todos pensarán que es verdad lo que es mentira. Durante mucho tiempo estará esto y grande será el dolor de nuestra gente y mucho llorarán nuestras mujeres, nuestros hombres, nuestros mayores y nuestros pequeños".
Quedaron todos callados los hombres y mujeres del maíz. Los dioses dijeron que nada podían hacer. Empezó una gran bulla en la asamblea de los hombres y mujeres de maíz. Que ahora qué iban a hacer, que cómo iban a saber cuándo iba a llegar el día en que el engaño iba a poblar la Tierra e iban a empezar el dolor y el sufrimiento para los hombres y mujeres de maíz. Los dioses dijeron que no sabían mero el día y no sabían tampoco cómo podían librarse de esa maldad que iba a llegar sobre la tierra, pero que algo podían hacer.
Hicieron un plan: "cuando llegue ese día del engaño y la noche sea larga y el día sea una mentira querrá decir que el día se ha cansado, que el sol ha quedado dormido y habrá que despertarlo. Para despertarlo se necesita el buen sueño, la buena memoria y el ánimo de lucha".
"Nosotros", dijeron los dioses, "lo que podemos hacer es ayudarles para que cuando llegue ese día sepan qué hacer". Y entonces, en la asamblea de esos hombres y mujeres de maíz, se sacó el acuerdo de qué iban a hacer los guardianes, los vigilantes para cuando esa noche llegara.
"El problema no es la noche", dijeron los dioses, "el problema es no dejarse engañar y no creer que es eterna, que nunca va a acabar. Para eso necesitan guardar el buen sueño donde el sol vuelve a nacer y donde vuelve a crecer el día pero ahora con verdad. Entonces, el mundo vuelve a ser parejo".
"¿Cómo vamos a hacer entonces?", dijeron los hombres y mujeres de maíz, y los dioses les respondieron, "elijamos entre ustedes a los más firmes, a los más valientes, a los más sabios, entonces a ellos les entregaremos el buen sueño del mañana cuando llegue esa noche". Inmediatamente los hombres que estaban en la asamblea dijeron "yo", "no, yo", y empezaron a pelear entre ellos a ver quién era el más valiente, el más firme y el más sabio.
Los dioses dejaron que se estuvieran peleando un tanto en la asamblea y por fin dijeron, "si nos dan oportunidad, podemos decirles quiénes son los más fuertes, los más valientes y los más sabios entre ustedes". Como no llegaban al acuerdo entre ellos dijeron, "está bien, que digan los dioses quiénes son".
Entonces los dioses eligieron a un anciano y una anciana y dijeron: "estos son los más fuertes, los más sabios y los más valientes de esta comunidad y les vamos a guardar el sueño en la piel para que llegado el día que haya que despertar los hombres y mujeres de maíz no olviden cómo debe ser el mundo cuando sea".
Se presentaron el anciano y la anciana frente a los dioses y trataron de meter el buen sueño en la morraleta y no cabía, lo trataron de meter en la bolsa del pantalón o en la camisola y tampoco cabía, lo trataron de cargar en las manos y no cabía y no sabían cómo hacer para guardar el buen sueño que iba a hacer que amaneciera de nuevo y entonces los dioses dijeron que es en la piel donde deben tenerlo, y dijeron: "a partir de ahora los ancianos y las ancianas llevarán la memoria del buen sueño para cuando amanezca". Y empezaron a ponerles en la piel, del rostro, de las manos y de todo el cuerpo ese buen sueño para que cupiera, y para que nadie supiera que ahí lo tenían aparecieron las arrugas en la gente mayor, que en realidad las arrugas que se tienen en la cara, en las manos y en el cuerpo guardan este buen sueño para recordarlo.
Cuando hicieron la cuenta dijeron que no bastaba, que era necesario también saber cuándo había que despertar. Los dioses ofrecieron entonces que alguien guardara el buen recuerdo y volvieron a pedir al más sabio, al más valiente y al más fuerte de la asamblea. Volvieron a pelear los hombres a ver quién era mejor, no llegaron a ningún acuerdo y le preguntaron a los dioses quién de ellos era el mejor, el más fuerte, el más valiente y el más sabio. Y los dioses eligieron a una mujer. "Ésta es la más valiente, la más fuerte y la más sabia de entre ustedes" y para que llegue el recuerdo del sueño que hay que despertar, lo pusieron en sus cabellos. Desde entonces, dicen los antiguos, las mujeres y los hombres de maíz reconocen en las mujeres indígenas a las más sabias en aquellas que trenzan su pelo. Es en la trenza donde se guarda este sueño por el que hay que despertar.
Cuando ya estaban por despedirse los primeros dioses que ya habían encargado en los ancianos y en las mujeres indígenas la caja donde se iban a guardar el buen sueño que iba a volver a nacer el nuevo mundo, les contaron la historia de cómo iba a ser, de cómo iba a llegar el poderoso, de qué color iba a ser su piel, lo que iba a hacer, cómo iba a sembrar el engaño, cómo muchos de nosotros, los indígenas, iban a venderse, cómo la mayoría se iba a mantener firme, cómo debía cuidarse la tierra porque en ella estaba el futuro y la vida de cada quien. Cómo iba a llegar el poderoso a ofrecer más engaños, cómo iba a llegar a decir que siempre habíamos estado así, cómo nos iba a vender y nosotros íbamos a comprar que nosotros como pueblos indios somos menos, menos sabios, menos fuertes, menos hábiles, menos personas, casi animales.
Dijeron que iba a llegar ese día y ese día llegó junto con los españoles cuando conquistaron estas tierras. Desde entonces, aunque hubo Independencia, aunque hubo Revolución, nosotros como pueblos seguimos siendo tratados con desprecio por nuestra lengua, por nuestro color, por nuestra estatura, por nuestra forma de ser. Y desde entonces algunos miembros de los pueblos indios se venden al de arriba y venden junto con ellos y con su alma nuestras danzas, nuestros colores, nuestras fiestas y nuestra lengua.
Subcomandante Insurgente Marcos
Pero cuentan también que esos primeros dioses se cansaron, se hicieron a un lado y se descansaron porque habían trabajado mucho para hacer al mundo y para hacerlo cabal. Y llegaron otra vuelta otros dioses y otros y otros mientras el mundo seguía caminando como de por sí debe caminar, por abajo.
Y cuentan también que llegó un día en que unos de esos dioses, unos de los más primeros, entraron en gran alboroto y bulla porque algo habían encontrado y llamaron a reunión, a asamblea, a los hombres y mujeres de maíz. Ya que estaban reunidos les dijeron: "hay un problema, resulta que a los primeros dioses se les olvidó decirles que iba a llegar el engaño a poblar estas tierras". Empezaron a explicar estos dioses que iba a llegar un día el dinero y que con él, el poder iba a sembrar el engaño por toda la Tierra. "Ese día", dijeron esos dioses, "la noche se va a alargar por muchos años, por siglos. Cuando llegue el engaño del dinero a poblar la Tierra nada será lo que parece. Habrá engaño y parecerá que es verdad, habrá quien se diga originario de estas tierras y se venda al poderoso, habrá quien use nuestro canto, nuestra lengua, nuestro vestido, para simular que bajamos la cabeza delante del dinero. La noche será noche y el día también será noche, pero el engaño nos hará creer que ha cambiado. Y el engaño mayor que sembrará el poder del dinero será hacernos creer que siempre fue así y que nunca va a cambiar y en ese engaño vivirán mucho tiempo los hombres y mujeres de maíz, lo que nosotros llamamos los pueblos originarios de estas tierras, y así como el maíz en la sierra Huichola tiene muchos colores, también los pueblos y las pieles de las personas tendrán muchos colores, pero este engaño reinará sobre todos y todos pensarán que es verdad lo que es mentira. Durante mucho tiempo estará esto y grande será el dolor de nuestra gente y mucho llorarán nuestras mujeres, nuestros hombres, nuestros mayores y nuestros pequeños".
Quedaron todos callados los hombres y mujeres del maíz. Los dioses dijeron que nada podían hacer. Empezó una gran bulla en la asamblea de los hombres y mujeres de maíz. Que ahora qué iban a hacer, que cómo iban a saber cuándo iba a llegar el día en que el engaño iba a poblar la Tierra e iban a empezar el dolor y el sufrimiento para los hombres y mujeres de maíz. Los dioses dijeron que no sabían mero el día y no sabían tampoco cómo podían librarse de esa maldad que iba a llegar sobre la tierra, pero que algo podían hacer.
Hicieron un plan: "cuando llegue ese día del engaño y la noche sea larga y el día sea una mentira querrá decir que el día se ha cansado, que el sol ha quedado dormido y habrá que despertarlo. Para despertarlo se necesita el buen sueño, la buena memoria y el ánimo de lucha".
"Nosotros", dijeron los dioses, "lo que podemos hacer es ayudarles para que cuando llegue ese día sepan qué hacer". Y entonces, en la asamblea de esos hombres y mujeres de maíz, se sacó el acuerdo de qué iban a hacer los guardianes, los vigilantes para cuando esa noche llegara.
"El problema no es la noche", dijeron los dioses, "el problema es no dejarse engañar y no creer que es eterna, que nunca va a acabar. Para eso necesitan guardar el buen sueño donde el sol vuelve a nacer y donde vuelve a crecer el día pero ahora con verdad. Entonces, el mundo vuelve a ser parejo".
"¿Cómo vamos a hacer entonces?", dijeron los hombres y mujeres de maíz, y los dioses les respondieron, "elijamos entre ustedes a los más firmes, a los más valientes, a los más sabios, entonces a ellos les entregaremos el buen sueño del mañana cuando llegue esa noche". Inmediatamente los hombres que estaban en la asamblea dijeron "yo", "no, yo", y empezaron a pelear entre ellos a ver quién era el más valiente, el más firme y el más sabio.
Los dioses dejaron que se estuvieran peleando un tanto en la asamblea y por fin dijeron, "si nos dan oportunidad, podemos decirles quiénes son los más fuertes, los más valientes y los más sabios entre ustedes". Como no llegaban al acuerdo entre ellos dijeron, "está bien, que digan los dioses quiénes son".
Entonces los dioses eligieron a un anciano y una anciana y dijeron: "estos son los más fuertes, los más sabios y los más valientes de esta comunidad y les vamos a guardar el sueño en la piel para que llegado el día que haya que despertar los hombres y mujeres de maíz no olviden cómo debe ser el mundo cuando sea".
Se presentaron el anciano y la anciana frente a los dioses y trataron de meter el buen sueño en la morraleta y no cabía, lo trataron de meter en la bolsa del pantalón o en la camisola y tampoco cabía, lo trataron de cargar en las manos y no cabía y no sabían cómo hacer para guardar el buen sueño que iba a hacer que amaneciera de nuevo y entonces los dioses dijeron que es en la piel donde deben tenerlo, y dijeron: "a partir de ahora los ancianos y las ancianas llevarán la memoria del buen sueño para cuando amanezca". Y empezaron a ponerles en la piel, del rostro, de las manos y de todo el cuerpo ese buen sueño para que cupiera, y para que nadie supiera que ahí lo tenían aparecieron las arrugas en la gente mayor, que en realidad las arrugas que se tienen en la cara, en las manos y en el cuerpo guardan este buen sueño para recordarlo.
Cuando hicieron la cuenta dijeron que no bastaba, que era necesario también saber cuándo había que despertar. Los dioses ofrecieron entonces que alguien guardara el buen recuerdo y volvieron a pedir al más sabio, al más valiente y al más fuerte de la asamblea. Volvieron a pelear los hombres a ver quién era mejor, no llegaron a ningún acuerdo y le preguntaron a los dioses quién de ellos era el mejor, el más fuerte, el más valiente y el más sabio. Y los dioses eligieron a una mujer. "Ésta es la más valiente, la más fuerte y la más sabia de entre ustedes" y para que llegue el recuerdo del sueño que hay que despertar, lo pusieron en sus cabellos. Desde entonces, dicen los antiguos, las mujeres y los hombres de maíz reconocen en las mujeres indígenas a las más sabias en aquellas que trenzan su pelo. Es en la trenza donde se guarda este sueño por el que hay que despertar.
Cuando ya estaban por despedirse los primeros dioses que ya habían encargado en los ancianos y en las mujeres indígenas la caja donde se iban a guardar el buen sueño que iba a volver a nacer el nuevo mundo, les contaron la historia de cómo iba a ser, de cómo iba a llegar el poderoso, de qué color iba a ser su piel, lo que iba a hacer, cómo iba a sembrar el engaño, cómo muchos de nosotros, los indígenas, iban a venderse, cómo la mayoría se iba a mantener firme, cómo debía cuidarse la tierra porque en ella estaba el futuro y la vida de cada quien. Cómo iba a llegar el poderoso a ofrecer más engaños, cómo iba a llegar a decir que siempre habíamos estado así, cómo nos iba a vender y nosotros íbamos a comprar que nosotros como pueblos indios somos menos, menos sabios, menos fuertes, menos hábiles, menos personas, casi animales.
Dijeron que iba a llegar ese día y ese día llegó junto con los españoles cuando conquistaron estas tierras. Desde entonces, aunque hubo Independencia, aunque hubo Revolución, nosotros como pueblos seguimos siendo tratados con desprecio por nuestra lengua, por nuestro color, por nuestra estatura, por nuestra forma de ser. Y desde entonces algunos miembros de los pueblos indios se venden al de arriba y venden junto con ellos y con su alma nuestras danzas, nuestros colores, nuestras fiestas y nuestra lengua.
Subcomandante Insurgente Marcos
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