miércoles, 24 de diciembre de 2008
Cuentan que un viajero llego un dia a caracas al anochecer, y sin sacudirse el polvo del camino no pregunto donde se comia ni se dormia sino como se iba adonde estaba la estatua de bolivar. Y cuentan que el viajero solo con los arboles altos y olorosos de la plaza, lloraba frente a la estatua, que parecia que se movia, como un padre cuando se le acerca un hijo.
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